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Carolina del Norte, el laboratorio del poder: la elección que anticipa el Estados Unidos de 2028

US Senate
Foto: US Senate

Alexis Quintar – Si hay un estado que siempre sabe cómo robarse el protagonismo político, ese es Carolina del Norte y en esta ocasión está en camino para alcanzar un nuevo récord: la primera campaña al Senado que podría superar los mil millones de dólares en gastos. La batalla por el Senado en Carolina del Norte no solo podría convertirse en la contienda legislativa más cara de la historia estadounidense, sino que esta elección puede marcar el rumbo a la campaña presidencial de 2028.

Dos figuras, dos modelos de país

El enfrentamiento que se perfila tiene nombres conocidos en Washington, aunque no necesariamente para el votante promedio, ya que de un lado se encuentra Roy Cooper, exgobernador demócrata, dos veces electo en un estado que no suele regalar victorias a su partido. Del otro, Michael Whatley, expresidente del Comité Nacional Republicano y un aliado cercano de Donald Trump.

Cooper se medirá en marzo con otros cinco demócratas, Whatley hará lo propio frente a cuatro rivales republicanos, entre ellos Michelle Morrow, una candidata que ya protagonizó una campaña polarizante el año pasado. Donald Trump, consciente del peso simbólico del estado (lo ganó tres veces), decidió respaldar a Whatley desde el inicio y compartir escenario con él en Rocky Mount, una señal clara de que el Partido Republicano no piensa ceder terreno.

Pero más allá de los actos y los respaldos, lo que distingue a esta contienda es la velocidad del dinero. Cooper recaudó 3,4 millones de dólares en apenas 24 horas, un récord absoluto para una carrera al Senado. En los informes más recientes, su campaña y los comités asociados suman 14,5 millones, frente a los 5,8 millones de Whatley. Son números iniciales, todavía modestos si se los compara con lo que se espera que fluya desde los super PAC y los grupos externos.

Desde la decisión de la Corte Suprema en 2010, conocida como Citizens United, el dinero dejó de tener un techo claro en la política estadounidense. Corporaciones, sindicatos y organizaciones pueden gastar sin límite, siempre que no coordinen formalmente con los candidatos. En la práctica, eso significa campañas paralelas, anuncios omnipresentes y una carrera armamentística donde quedarse atrás no es una opción.

El primer golpe importa más que nunca

Por ahora, Cooper y Whatley evitan atacarse de frente, pero desde el entorno republicano cuestionan las conmutaciones otorgadas por Cooper cuando era gobernador y algunos gastos vinculados a transporte y logística de campaña. Desde el campo demócrata, apuntan a la gestión de Whatley como supuesto “zar de la recuperación” tras la tormenta tropical Helene, un rol asignado por Trump que, según residentes del oeste del estado, no dejó resultados visibles.

La geografía de Carolina del Norte multiplica los costos: mercados televisivos en Charlotte, Raleigh-Durham, Greensboro y Wilmington, además de áreas limítrofes que obligan a campañas a gastar en estados vecinos. Ese entramado explica por qué el costo por voto podría superar los 250 dólares, una cifra inédita que quintuplicaría el promedio de la elección senatorial de 2020.

Más allá del dinero: lo que está en juego

Para Cooper, esta elección no es solo una oportunidad para regresar al poder, sino un trampolín potencial para una candidatura a la vicepresidencia, especialmente si los demócratas apuestan por candidatos progresistas en 2028. Para Whatley, es la oportunidad de consolidar la influencia del ala MAGA en un estado clave y defender la base conservadora.

La polarización es palpable, y los dos candidatos saben que el electorado está repartido por lo que no deben dar ningún paso en falso. “Se llega a los votantes antes. Hay más gente llamando a las puertas, más correo en los buzones, más anuncios por todas partes y una vez que comienza, no se detiene hasta el día de las elecciones”, señala Morgan Jackson, consultor político de Cooper. Aunque ambos deben superar primarias con varios contrincantes, los analistas coinciden en que llegarán fortalecidos a la elección general.

Un adelanto del futuro político nacional

Lo que pase en Carolina del Norte será un barómetro no solo de las tendencias políticas en el Sur, sino del rumbo de la política estadounidense en general. La acumulación de recursos, la sofisticación tecnológica y la intensidad del combate electoral aquí reflejan un país cada vez más polarizado y mediado por el poder del dinero y la tecnología.

En definitiva, la contienda al Senado en Carolina del Norte en 2026 no es solo una lucha local o estatal, es un ensayo general para la campaña presidencial de 2028. La combinación de dinero, tecnología y polarización convierte a este gran estado en un laboratorio político donde se experimentan estrategias que podrían definir el futuro del país.