
Maxi Benbassat- Richard Ojeda se convirtió en el primer latino elegido al Congreso de Estados Unidos por Carolina del Norte, tras derrotar al republicano Richard Hudson en las elecciones del 3 de noviembre. El resultado marca un cambio político en el distrito 9 y un momento importante para la representación de la comunidad hispana en el estado.
Con el conteo todavía preliminar, Ojeda obtuvo 138,707 votos frente a los 132,692 de Hudson, una diferencia de 6,015 sufragios. La victoria sorprendió en un distrito donde el republicano había mantenido una fuerte presencia electoral y había conseguido la reelección en 2024 con una ventaja cercana a los 20 puntos porcentuales.
Hudson llevaba casi 14 años en la Cámara de Representantes y contaba con una estructura política consolidada. Sin embargo, Ojeda logró imponerse con una campaña enfocada en las preocupaciones económicas de los trabajadores y el contacto directo con los votantes.
De raíces mexicanas y con una larga trayectoria militar
Ojeda es nieto de un inmigrante mexicano que llegó a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Su abuelo trabajó primero en las acerías de Chicago y posteriormente en las minas de carbón, una historia familiar que el congresista electo ha vinculado con su defensa de la clase trabajadora.
Antes de dedicarse a la política, sirvió durante 24 años en el Ejército de Estados Unidos, incluidos 15 años en Fort Bragg, Carolina del Norte. Más adelante fue senador estatal en Virginia Occidental, donde adquirió experiencia legislativa y se dio a conocer por sus posiciones sobre los derechos de los trabajadores.
Su experiencia militar y sus antecedentes familiares ocuparon un lugar importante durante la campaña, especialmente en un distrito con una fuerte presencia de familias vinculadas a las Fuerzas Armadas.
Inmigración, salarios y costo de vida entre sus prioridades
Durante la campaña, Ojeda centró buena parte de su mensaje en las dificultades económicas que enfrentan las familias, desde el aumento del costo de vida hasta el acceso a servicios médicos y mejores salarios.
En materia migratoria, defendió una reforma que garantice el debido proceso y permita establecer una vía hacia la ciudadanía para inmigrantes que cumplan determinados requisitos.
También propuso cambios en el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), con mayores controles sobre sus procedimientos y mecanismos de transparencia.
Ojeda se comprometió además a facilitar la atención en español en su oficina congresional, mediante personal bilingüe y documentos disponibles en ese idioma.
En el área económica, planteó reducir impuestos para familias con ingresos de hasta 45,000 dólares anuales, ajustar el salario mínimo a la inflación y fortalecer las protecciones laborales. Otras de sus prioridades incluyen disminuir el precio de los medicamentos, proteger el Seguro Social y mejorar la atención a los veteranos.
Una campaña que logró cambiar el rumbo del distrito
La victoria de Ojeda llegó pese a la ventaja económica de su adversario. Hasta septiembre, Hudson había recaudado aproximadamente 4.1 millones de dólares para su campaña, mientras que el demócrata había reunido cerca de 2.8 millones.
Ante esa diferencia, Ojeda apostó por una campaña de contacto directo, con voluntarios que recorrieron vecindarios, tocaron puertas y realizaron llamadas para movilizar a los votantes.
El congresista electo reconoció el apoyo de maestros, enfermeros, veteranos, trabajadores y familias de la comunidad militar, sectores que participaron activamente en su campaña.
El resultado supone un giro importante para el distrito 9, que apenas dos años antes había respaldado ampliamente a Hudson.
Un hecho sin precedentes en Carolina del Norte
Ojeda asumirá su escaño en enero de 2027, cuando comience el nuevo período legislativo en Washington.
Su elección tiene especial relevancia para la comunidad latina de Carolina del Norte, que por primera vez contará con un representante de origen hispano elegido por el estado en la Cámara de Representantes.
Más allá del resultado electoral, su llegada al Congreso refleja el creciente peso de la población latina en la vida política de Carolina del Norte y abre una nueva etapa de representación para una comunidad que continúa buscando mayor participación en las decisiones que afectan su futuro.





