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La guerra con Irán y su impacto en el petróleo y la agricultura en Estados Unidos

Fuel Price
Foto: Archivo

Maxi Benbassat- La guerra en Medio Oriente, especialmente las tensiones y enfrentamientos con Irán, está teniendo efectos inmediatos en los mercados energéticos mundiales. Irán se encuentra cerca del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte de petróleo del mundo y en su primer comunicado, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, instó a mantener cerrada esta vital arteria comercial.

Para la Agencia Internacional de Energía (IEA, en inglés) la crisis de suministro provocada por el bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán supone que el mundo se enfrenta a una crisis más grave que la que siguió a la guerra de Yom Kippur de 1973 y al estallido de la guerra en Ucrania en 2022.

El cierre del estrecho de Ormuz trajo como consecuencia que el suministro global de petróleo se volviera incierto y los precios del crudo aumentaran rápidamente superando los 100 dólares por barril.

En este contexto y en un intento de reducir los precios del petróleo, la IEA ordenó la mayor liberación de reservas gubernamentales de su historia, cuando sus 32 miembros acordaron por unanimidad liberar 400 millones de barriles de crudo de emergencia. Además, Estados Unidos acordó liberar 172 millones de barriles de crudo de su reserva estratégica de petróleo.

El aumento del petróleo no solo afecta al sector energético, sino que también tiene consecuencias directas para la agricultura y los precios de los alimentos. En Estados Unidos, estos cambios tienen un impacto particularmente fuerte porque la agricultura depende de combustibles, fertilizantes y cadenas de suministro internacionales.

Cuando el petróleo sube debido a guerras o crisis geopolíticas, aumentan los costos de producción agrícola, transporte y procesamiento de alimentos. Esto crea una presión inflacionaria que finalmente se refleja en el precio que pagan los consumidores en el supermercado

Sectores afectados

En Estados Unidos, la agricultura moderna depende fuertemente de maquinaria alimentada por diésel. Tractores, cosechadoras, sistemas de riego y otros equipos esenciales consumen grandes cantidades de combustible durante las temporadas de siembra y cosecha. Si el precio del petróleo aumenta, el diésel también se vuelve más caro, lo que incrementa el costo de producir cultivos como maíz, trigo y soja. Estos cultivos no solo se venden directamente como alimentos, sino que también se utilizan para alimentar ganado o producir ingredientes industriales, lo que amplifica el efecto inflacionario en toda la cadena alimentaria.

Asimismo, la geografía de Estados Unidos también hace que el transporte sea un factor importante. Muchos alimentos recorren miles de kilómetros antes de llegar al consumidor. Por ejemplo, frutas y verduras pueden cultivarse en California o Florida, procesarse en otro estado y luego distribuirse a supermercados en todo el país. Camiones, trenes y barcos dependen en gran medida de combustibles derivados del petróleo. Cuando el combustible sube de precio, transportar alimentos se vuelve más costoso, lo que contribuye al aumento de los precios minoristas.

También una gran parte de los alimentos requiere procesos industriales antes de llegar a las tiendas. El procesamiento, la refrigeración, el almacenamiento y el empaquetado necesitan energía, y muchos materiales de embalaje se fabrican a partir de derivados del petróleo. Si el petróleo aumenta de precio, también se encarecen estos materiales y los costos energéticos de las fábricas de alimentos, lo que aumenta el precio final de productos como comidas preparadas, alimentos congelados o snacks.

Los fertilizantes y la producción agrícola intensiva también resultan afectados por la guerra dado que muchos fertilizantes utilizan gas natural o dependen de cadenas comerciales que pasan por el Golfo Pérsico. Las interrupciones en esa región han provocado aumentos en los precios de nutrientes agrícolas como la urea y el nitrógeno, en un momento en el que los agricultores estadounidenses se preparan para la temporada de siembra.

Para los hogares estadounidenses, el efecto final se siente en el supermercado. El aumento del petróleo encarece el transporte, la producción agrícola y los insumos industriales todo al mismo tiempo. Esto significa que tanto los alimentos frescos como los productos procesados pueden volverse más caros. Además, cuando la energía sube, las familias también gastan más en gasolina y electricidad, lo que reduce su presupuesto disponible para alimentos.

La guerra con Irán es un claro ejemplo de cómo una crisis geopolítica puede extenderse más allá del sector energético. Al aumentar los precios del petróleo y alterar el comercio de fertilizantes, la guerra tiene el potencial de elevar los costos agrícolas y alimentar la inflación de los alimentos en Estados Unidos y en todo el mundo.