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Alexis Quintar – Por segunda vez en su historia, Brasil ha salido del Mapa del Hambre de la ONU, una clasificación que expone a los países con más del 2,5% de su población en situación de desnutrición crónica. Este gran logro fue confirmado por la Organización para la Agricultura y la Alimentación o más conocida como FAO (Food and Agriculture Organization, por sus siglas en inglés), la agencia de las Naciones Unidas que busca erradicar el hambre en el mundo. Sin duda este hito es una victoria política para el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien volvió al poder en 2022 con una prioridad clara: que a ningún brasilero le falte la comida.
El presidente brasilero no pudo contener la emoción en sus redes sociales, donde dejó en claro que su modelo de políticas públicas integrales es un verdadero éxito. En este sentido, el mandatario sudamericano señaló: “Es una conquista histórica que muestra que con política pública y compromiso con el pueblo es posible combatir el hambre y construir un país más justo y solidario. Soy el hombre más feliz del mundo. Pero también soy un soldado. Un soldado de Brasil, un soldado de la FAO, un soldado global en la lucha contra el hambre y la pobreza, tenga o no tenga mandato”. En solo tres años, más de 24 millones de brasileros dejaron de pasar hambre, una disminución del 85% respecto a los 33,2 millones en inseguridad alimentaria severa en 2022, es decir que casi una cuarta parte del país ha recuperado el acceso regular a alimentos, seguros y nutritivos.
Estrategias políticas que no fallan
Buena parte del éxito se debe a una fórmula que Lula ya había probado en su anterior mandato, el cual se basa en políticas sociales emblemáticas como el programa “Bolsa familia”, el cual entrega ayuda económica a familias vulnerables a cambio de que sus hijos vayan a la escuela y estén vacunados. Este enfoque es parte del ambicioso plan “Brasil sin hambre”, una estrategia de Estado que conecta la producción local con cocinas comunitarias, escuelas y los hogares más necesitados.
Cabe mencionar que durante la presidencia de Jair Bolsonaro, muchas de estas políticas fueron desmanteladas, sumado a los efectos devastadores de la crisis económica generada por la pandemia, el país volvió a aparecer en el mapa de la FAO. Pero el gobierno actual se propuso revertir esa tendencia desde el primer día, y lo hizo incluso antes del plazo autoimpuesto: el objetivo era llegar sin hambre al final del mandato en 2026. En este contexto, mediante un comunicado, el ministro de Desarrollo y Asistencia Social, Wellington Dias, fue directo: “Demostramos que, con trabajo, políticas fuertes y foco en los que más necesitan, era posible cumplir el primer objetivo de Lula: salir del mapa del hambre. No hay justicia social sin justicia alimentaria. Y no hay justicia alimentaria sin democracia”.
Menos pobreza, más empleo y una economía más justa
Este progreso social vino acompañado por una recuperación económica que, a pesar de todo, muestra signos de solidez, ya que el país registra menos del 2,5% de su población en situación de desnutrición severa, superando la media mundial (8,2%) y la latinoamericana (5,1%). Asimismo, la pobreza extrema cayó al 4,4% por el hecho de que los sectores más vulnerables de la población empezaron a ganar más, lo que evidencia que lejos de generar dependencia, las ayudas estatales están permitiendo que las familias se estabilicen y busquen su autonomía.
El ministro de Desarrollo y Asistencia Social instó a seguir este tipo de políticas basadas en el compromiso social. “El ejemplo brasileño puede adaptarse en muchos países alrededor del globo. En Brasil, salir del Mapa del Hambre es solo el principio. Queremos justicia alimentaria, soberanía y bienestar para todos”, sostuvo Dias.
Del ejemplo local al liderazgo global
Lula ha convertido la lucha contra el hambre en una bandera y así lo demostró en 2024 durante la cumbre del G20 que se celebró en Río de Janeiro, donde impulsó la creación de la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza. Esta coalición ya reúne a más de 80 países que buscan replicar el modelo brasilero que pregona repartir recursos para que el derecho a comer no dependa del azar geográfico. A pesar de las buenas noticias que llegan desde Brasil, el panorama mundial no es alentador, puesto que la FAO reveló que unos 512 millones de personas seguirán acostándose por las noches con el estómago vacío.
No cabe duda que el presidente carioca sabe cómo encarar esta problemática, demostrando que el hambre no es una fatalidad si hay voluntad política. “Para acabar con el hambre y la pobreza, necesitamos incluir a los pobres en el presupuesto del país, en los presupuestos de los estados y de los municipios”, aseveró el mandatario dejando entrever que es posible convertir la dignidad en realidad, y darles a millones la oportunidad de soñar con un futuro mejor.




